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Nosotras no éramos así


JULIA:  Me dice: “Soy la única a la que no dejan ir”. Y yo le dije: “Me da igual. No tienes edad para salir”. Yo alucino con las otras madres. O sea, que las niñas se les van de discotecas y les da igual. Y no es que salgan por la tarde, el viernes, no, es que salen por la tarde… y siguen por la noche, oye, y vuelven vete a saber a qué hora. Y ya están empezando a salir los sábados, ¿tú crees? Tía, no tiene ni doce años. Yo alucino. Ya la tengo cabreada desde lo del piercing. Tía, ¡un piercing! Que las demás se han puesto uno. ¡Y a mí qué! Que no se ve, que no se ve, que es en el ombligo. Que todas llevan uno. ¡Y a mí qué! ¿Y si las demás se tiran por la ventana, tú te tiras? Y me dijo que sí. ¿Cómo voy a dejarla salir? Y las peleas que tengo con la ropa. Entre semana aún, que me lleva uniforme, pero los fines de semana no te cuento… Bueno, lo que descubrí del uniforme –no te lo he dicho-…: las vi el otro día, todas allí juntitas, y ¿sabes lo que hacen? Se suben la falda del uniforme hasta aquí –cuando salen de clase-. Se la arremangan, le dan vueltas aquí en la cintura y la dejan cortita como una mini falda. Parecen las niñas esas de los mangas japoneses… Que no, que no, ya me puede venir con el cuento de que los padres de las otras son más enrollados. Pero, qué es esto. ¿Hemos perdido el norte? Nosotras no éramos igual… ¿Qué haces moviendo así la cabeza? (La amiga no habla, le basta mover la cabeza para hacerse entender) No jodas…

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