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Programa y accidente


Pepe habla con Tomás, su mejor amigo.

PEPE:  El otro día vi un reportaje en la tele. Salió un experto que dijo: “Cuando un hecho ocurre una vez –era un documental sobre seguridad nacional y esas cosas-, cuando un hecho ocurre una vez, eso se llama ‘accidente’; cuando el mismo hecho ocurre dos veces, lo llamamos ‘patrón’; cuando un mismo hecho ocurre tres o más veces, eso es un ‘programa’.” (Solemne) Entonces lo vi claro: mi suegra ha diseñado un Programa para acabar con mi vida. Te cuento:

La primera vez que fui a comer a su casa, a casa de mis suegros -creo que fue la primera navidad, llevábamos poco tiempo juntos Paula y yo-, la mujer puso una lubina encima de la mesa. Todo se cortaron el pedazo que quisieron. A mí me lo dio ella. “Toma, éste”. Tenía una espina así de grande. No me ahogué de milagro. El siguiente intento fue una vez que hizo pastel. Yo soy alérgico al gluten. Y ella lo sabe. Se lo había dicho. De todas formas, le pregunté: “¿Esté bizcocho tiene gluten?” Y ella me dijo: “No, he comprado especialmente uno sin gluten”. Muy bien. Tuvieron que llevarme corriendo a urgencias. Casi me muero del brote. “Ay, qué despiste, ya ves, me equivoqué de bizcocho”. La última fue la semana pasada. ¿Sabes que he estado tres días, ahora, en el hospital, con sueros?” Ensaladilla rusa. Pasó mi suegra por casa, muy simpáticos, qué tal, con mi suegro, “Hola”, “Hola”, “Mirad que he preparado, ensaladilla, que sé que os gusta mucho”. Y una mierda. A Paula no le gusta la mayonesa. Y ella lo sabe. Y a mí no me gusta mi suegra ni nada que me pueda regalar. Pero Paula no me dejó tirar la ensaladilla rusa porque cree que todo esto son paranoias mías, así que, para que para no verla cabreada, comí ensaladilla. Bueno, pues: esa ensaladilla tenía salmonela suficiente para matar a un equipo entero de fútbol americano.

Programa. Es un programa. Una vez es accidente, dos veces patrón, tres veces programa. (Pensativo) ¿Por qué? Siempre he sido amable con ella, y mira que me cuesta. Le hago más revisiones que a mis mejores clientes, pero ni con esas -todas gratis, claro-. Me odia. ¿Sabes por qué? Porque no soy bastante para su hija. Ella quería un abogado, o un médico, o un arquitecto. Quería un yerno con carrera, con prestigio, no un mecánico de coches. Lo dijo la primera vez que me vio: “Ah, mecánico de coches…”. Pensaba que lo decía en broma. Qué estúpido. Está claro. Es un programa, no son accidentes. Me va la vida, Tommy. Te lo digo a ti -que si no reviento-, pero no sé lo cuentes a nadie: creo que pronto, muy pronto, una señora se va a despeñar con su coche por un barranco. Los accidentes ocurren, desgraciadamente… Qué le vamos a hacer… A veces, la dirección de los coches se bloquea.

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