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Sólo se me ocurren dos cosas


Pedro:  He escuchado tu mensaje. (Pensativo) ¿Sabes? Sólo se me ocurren dos cosas: O te has convertido en la mejor violinista de todos los tiempos o has abandonado. (Suspira) Llevo rato pensando, Elena, pensando bien lo que voy a decirte, no quiero equivocarme. Vamos a ver: La última vez que me llamaste fue hace tres años, un catorce de febrero exactamente -no es que me apunte las fechas, es que era… un catorce de febrero-. Quedamos y me dijiste aquello. Lo que más recuerdo es el tono con que me lo dijiste. Un tono, no sabría decir, un tono… neutro. Dijiste: “Tengo que decirte algo”. Y pam. Me lo soltaste: Querías llegar a ser la mejor violinista de todos los tiempos y resulta que yo era un problema porque no te dejaba tiempo. Así de crudo. Pero sin ningún dramatismo, como si tal cosa. ¡Sí! ¡Ése es el tono! El tono “como si tal cosa”. “Sin más”. Como quien dice: “Se me ha roto el paraguas, no me sirve, lo tiro” Sin más. Tardé unos segundos en darme cuenta de que el paraguas era yo. (Recuerda) Pensé que me llamarías esa misma noche, arrepentida: “¡Pedro, qué tontería te he dicho, perdona!” (Recuerda con tristeza) Pero, no. No llamaste aquella noche. Ni al día siguiente. Ni a la semana siguiente. Por qué ibas a llamarme. Te habías librado de la molestia que te quitaba tiempo para el violín, que es lo único que te llenaba en la vida. Y hoy vas y me llamas para quedar. (Suspira) Solo se me ocurren dos cosas: o eres la mejor violinista de la historia o has abandonado. Después de tres años sin ninguna noticia de ti, la verdad…

Indicaciones:

Pedro esperó durante semanas la llamada de Elena. En las primeras semanas después de la ruptura, sintió enfado, decepción. Ahora ha pasado mucho tiempo. Esos sentimientos desaparecieron y no fueron sustituidas por nada porque Pedro fue olvidándola y rehaciendo su vida. Hoy, la llamada de ella le ha removido. Lo que siente ahora, principalmente, es tristeza: tristeza porque inevitablemente ha imaginado lo maravillosa que podría haber sido la relación si hubiera continuado, y tristeza porque ahora ve -o intuye- que la ruptura, además, no sirvió para nada, puesto que ella tampoco ha triunfado con el violín. Este ejercicio de pensamiento, puede que resucite en Pedro, poco a poco: el enfado y decepción que sintió los primeros días, convertidos ahora en una especie de rencor mezclado con nostalgia.

El actor tendrá que expresar este rencor sin que el discurso parezca simplemente un reproche. Conviene que se note también la tristeza que lo embarga. 

Logo Marc Egea

 

Preguntas frecuentes:

(responde Marc Egea)

¿Hay que pagar algo para utilizar este monólogo ?

No.

¿Hay que pedir permiso para usar este monólogo?

No hace falta. Puedes utilizar este monólogo y los que quieras, sin pedir ningún permiso.

¿Estos monólogos breves sólo pueden utilizarse en castings?

También puedes usarlos en tu videobook y colgarlos en internet, o emplearlos como herramienta en tus clases de teatro, lo que tú quieras.

¿Tengo que hacer constar la autoría del monólogo si cuelgo un video en internet?

Por supuesto que no, pero se agradecerá mucho si lo haces. Y si pones un enlace a la web (www.marc-egea.com) el agradecimiento será aún mayor.

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