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¿Cuánto dices que dura esa obra?


Los espectadores muestran cada vez más interés por saber cuánto dura la obra de teatro que quieren ver. Esto ha puesto en alerta tanto a dramaturgos como a productores, que se están empezando a preocupar por dar a sus obras de teatro la duración exacta que quiere el público.

Pero, ¿ cuál es esa duración?

Antiguamente, una obra duraba lo que duraba, sin que importara mucho lo que el público pudiera pensar. Uno puede encontrar clásicos de hora y media y clásicos de más de tres horas. Modernamente, sin embargo, las obras adoptaron una longitud más o menos parecida a la de las películas de cine: entorno a la hora media y las dos horas (a las que había que sumar, por cierto, en muchas ocasiones, la pausa del intermedio).

La avalancha audiovisual, no obstante, ha he hecho que tienda a querer contenidos cada vez más rápidos, directos, tanto en extensión como en ritmo (basta ver ahora un videoclip de los años 90 y nos sorprenderá la pasmosa lentitud de su montaje). La clave del asunto está en separar estos dos aspectos: el ritmo y la duración. ¿La gente se está volviendo reacia a las obras largas o a las obras lentas?

El debate está servido. En las salas pequeñas, las obras difícilmente duran más de una hora. Existen también propuestas exprés donde las obras no llegan a los quince minutos. Y están teniendo mucha aceptación. Pero, ¿no nos hemos encontrado nunca con que una obra de 6o minutos se nos hacía eterna? ¿Y no nos ha pasado, por el contrario, que una obra larga nos ha tenido pegados a la butaca sin que tuviéramos noción del paso del tiempo?

La clave creo que está en el ritmo, y no tanto en la duración de una obra. Conviene estar atento a los cambios de gustos. Creo que hará bien el teatro si mira a su alrededor y toma nota de la velocidad a la que se mueven las cosas. Las disciplinas artísticas son muchas pero el público es único. Y el público cada vez está más acostumbrado a los ritmos ágiles.

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